blog sindria

viernes, 2 de abril de 2010

El corralito

Osvaldo-Emiliano era argentino, de Tucumán, para ser más exactos. Un medidodía, después de haber acabado su reunión de trueque entró en su corral. Allí estaba su adorado gallo y queridas gallinas intercambiando murmullos y gorgoteos incesantes. Los sentimientos que Osvaldo-Emiliano tenía con respecto a sus aves eran muy contradictorios. Había días en los que sentía lástima por ellas y le entraban unas ganas irremediables de abrir las puertas y dejarlas escapar y otros días, los de mayor soledad, se sentía afortunado de poseerlas y eran para él una compañía muy grata, a pesar de que mucha gente no lo entendiera. Pitas, pitas, pitas, bonitas.
Osvaemi, así lo llamaban algunos amigos, las cogía en brazos sujetando sus patas y las observaba con detenimiento. Tan minuciosamente las miraba que hasta a veces le parecían de otro planeta, cresta y papada nunca dejaban de sorprenderlo.
Así pasaban los días, de trueque en trueque y comiendo tortilla cocinada según la inspiración del momento.
Una mañana Osvaldo-Emiliano acudió al banco para sacar algo de dinero y salió de allí como había entrado, con las manos vacías. Allí estaban sus billetes, sus ahorros encerrados,encarcelados,congelados o quizás desaparecidos, extraviados y esfumados.
Llegó a casa cabizbajo y deprimido, y al pasar por delante de su pequeño corral, una sensación aviar invadió su corazón. Osvaldo-Emiliano era ahora un gallo más de aquel recinto, un desplumado sin cresta ni papada pero completamente acorralado. Fue en aquel instante cuando sus dudas se disiparon y abrió de par en par la puerta para que la familia saliera disparada hacia la libertad.
¿Quién soy yo para decidir por ellas, por él? Quién son ellos para decidir por mí?
La vida puede convertirse en el peor de los corralitos.

1 comentario:

  1. hombre!!!!! que te acorralen el dinero es terrible, si sabre del tema!!! peor que ademas de sacarte lo material se te prohiba expresarte! y que de cierta forma tus alas sean cortadas y no tengas posibilidad de alzar vuelo en tu tierra, en esa que te vio crecer, es ahi cuando te acorralan el alma y la voz.

    Solcito T

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